viernes, 11 de abril de 2014

CREENCIAS POPULARES ASTURIANAS


Meteorología: es uno de los temas que más creencias populares tiene, afectando a diversas especies. Muy extendida está la creencia de que los movimientos de gaviotas y córvidos entre la montaña y el mar señalan un cambio de tiempo:  (Fernández Canga, 1997),  (Sánchez Vicente, 1986),  (este dicho debe estar recogido al revés por Castañón, 1976),  (Castañón, 1981),  (Castañón, 1976). Esta variedad de dichos sobre un mismo suceso, da muestras de su difusión y sus variantes según la localidad o comarca donde está recogido. 


El comportamiento de las gaviotas en el mar también avisa de cambios: en Xixón, los marineros dicen que. En varios lugares costeros creen que cuando las gaviotas revolotean en la orilla (de forma confusa según Castañón, 1976), es indicio de próximo temporal; pero se espera buen tiempo si están posadas tranquilamente sobre las olas (Vigón, 1980). 


Al Picatueru lo llaman en Teverga “paxarón del agua”, pues dicen que anuncia la lluvia (Noval, 1978). Cuando las andarinas o las chovas vuelan a baja altura es que va a llover; lo mismo cuando el ferre se cierne, cuando aparece la curuxa en la quintana, o si se ven pasar Pegas volando (Castañón, 1976)
También el Cuco anuncia lluvia: ¿Cancia`l cucliellu? Agua pal maíz (Pérez de Castro, 1971).  Los coríos (patos) anuncian inundaciones: ¿Glaya y cálase`l coríu? Pos lluegu crecera`l ríu (Sánchez Vicente 1986)

Fuente visitada. www.mavea.org

jueves, 13 de marzo de 2014

LA CULTURA DE LA SIDRA


La taberna asturiana –el chigre–, el llagar abierto al público y las sidrerías han venido siendo lugares indispensables de sociabilidad en la sociedad asturiana, forman una de sus imágenes tópicas y están intensamente vinculados tanto al ocio popular como a los entretenimientos no mercantilizados propios de la sociedad tradicional. Generalmente las formas de sociabilidad asociadas al consumo de sidra se ha dicho que se caracterizan por su mayor intensidad respecto a las generadas en torno a otras bebidas, debido en parte a la particular forma de servicio, el escanciado, y más aún a la forma de degustar la bebida compartiendo el vaso –finísimo y de alto coste en un primer momento lo que no dejaría de animar este tipo de práctica–; lo que acarreaba automáticamente un alto grado de interconexión entre el grupo de bebedores. La sidra, efectivamente, rara vez se bebe de modo individual, siendo el consumo en grupo la forma más natural en la que se manifiestan las formas de sociabilidad que la rodean. La baja graduación alcohólica del caldo permite, por otra parte, una prolongada ingesta, además de una dilatada experiencia de degustación en común.


Aunque otras bebidas se acostumbren también a tomar en grupo, el caso de la sidra asturiana destaca por la absoluta generalización de esta fórmula en la que además se comparte el recipiente. Los primitivos enseres para el consumo de sidra venían manufacturados generalmente en madera de castaño, nogal o abedul, solían tener una capacidad de medio litro y recibían tradicionalmente el nombre de zapicas. Las primeras jarras de barro se comenzaron a fabricar en el siglo XVIII en alfares de zonas como Faro (Oviedo), Cangas de Onís, Vega de Poja (en el concejo de Siero, donde se producía la afamada cerámica del rayu), Piloña, Nava, el barrio avilesino de Miranda (en el que se habían instalado apreciados maestros gallegos de la especialidad) o posteriormente, en Somió (Gijón). En todo caso, es casi seguro que en todos los alfares situados cerca de las zonas sidreras se fabricasen piezas de barro destinadas a su degustación. Estas jarras y las escudillas de madera, que eran los recipientes tradicionales en los que se consumía la sidra, irían desapareciendo entre 1910 y 1925 –extinguiéndose prácticamente en la década de 1940– a consecuencia de la expansión de las fábricas de loza y vidrio. Estas últimas conocieron un espectacular desarrollo inicial a consecuencia de la demanda de botellas, cuya adopción, en cualquier caso, supondría una enorme variación en los hábitos de consumo sidrero.


La botella de vidrio verde, la característica de la sidra, denominada en la industria asturiana del vidrio como de «molde de hierro» fue la más demandada. El tipo lo había fijado La Industria hacia 1880, fecha en que se fueron sustituyendo los antiguos moldes de madera por otros metálicos, presentados como novedad en la Exposición Nacional de la Minería de 1883, y que fueron construidos por la propia fábrica.

Los primeros vasos de sidra salieron de la fábrica La Industria de Gijón aproximadamente a partir de la década de los setenta del siglo XIX, y eran un recipiente grueso, varillado, con una capacidad de medio litro y un peso cercano al medio kilo; fueron llamados «vasos franceses». De este modelo se evolucionaría hacia uno liso, pero de similares características que se iría afinando progresivamente a la vez que se iría ensanchando el diámetro de la boca y que es el que ha llegado hasta la actualidad. Este menaje era caro y delicado, y esta circunstancia pudo haber influido en la forma de degustación del caldo –de igual modo que influyó en el escanciado– ya que, dada su escasez, no quedaría otro modo que compartir los vasos si se pretendía libar de ellos. Que en diversos testimonios de las primeras décadas de la pasada centuria se considere que la forma descrita de escanciado sea «a la noble usanza asturiana» nos habla de una adopción lo suficientemente temprana como para que se considerase el escanciado desde la botella, y la forma de servicio en vaso como algo tradicional y plenamente generalizado.


Otro aspecto crucial en la ritualización y la simbología de la cultura sidrera será, pues, el del escanciado; práctica aquilatada a lo largo de los siglos –el hecho de que la oxigenación del caldo desplegaba sus cualidades era conocido desde antiguo– que, como se ha dicho, cuajó definitivamente en el siglo XX alcanzando una dimensión inusitada hasta el momento. Ya en fecha tan temprana como 1954 la prensa se hacía eco de que el tema de los escanciadores estaba de moda, y que un culete bien echado suponía un requisito indispensable para cualquier bebedor avezado. En este sentido cabe señalar el camarero de sidrería constituye un profesional de muy alta estima en el marco del entramado hostelero de la región, y sus funciones suponen un atractivo difícilmente igualable no sólo a la hora de revelar las virtudes del caldo, sino también llegado el momento de promocionar el producto y su cultura a través de un ritual de consumo perfeccionado y evolucionado a lo largo de los siglos.

El «entendido» en sidra, de este modo, acostumbra a ser, por encima de la variedad de prácticas de degustación existentes, una figura muy valorada, y sus opiniones son tenidas bien en cuenta; lo que no deja de testificar la importancia simbólica, una vez más, del consumo comunitario de la bebida, a la vez que la capacidad de generar sistemas de peritaje popular con toda una jerarquía de expertos.



En otro orden de cosas, la oferta musical es igualmente variada, acogiendo incluso las modalidades más cultas. Si se toma buena nota de tal variedad en el repertorio, en todo caso, es inevitable acabar reparando en una composición social de la clientela netamente interclasista. El resultado será una compleja oferta en la que las formaciones corales o, muy especialmente, los popularísimos cuartetos u ochotes, que proyectarán sobre los chigres y lagares un peculiar repertorio; aires como los de las habaneras –de considerable impacto en una región migratoria como Asturias.

 Fuente visitada. www.boe.es/diario_boe

martes, 25 de febrero de 2014

EL PASADO BALLENERO DE LUARCA


Se sabe a ciencia cierta que en las aguas valdesanas se cazaban ballenas desde el año 1420, pero es posible que esta actividad se remonte a tres siglos atrás.
Era una lucha a vida o muerte que requería mucha destreza y trabajo en equipo. Hasta que los vascos iniciaron la pesca de la ballena, en Valdés sólo se aprovechaban estos animales cuando quedaban varados en la arena, aunque llevasen días muertos. Eso nos da idea de la valoración que se tenía de ellos y la riqueza que suponía cobrarse una pieza. Pero los vascos idearon un sistema para pescar ballenas desde las chalanas, y todo el mar Cantábrico se llenó de estos pescadores. La tarea no era sencilla y precisaba de gran arrojo, puesto que es fácil imaginar cómo se sentirían estos hombres en una barca a merced del animal que, aunque pacífico, reaccionaba golpeando violentamente con la cola cuando era arponeado y podía conducir la barca mar adentro o directamente volcarla. Las chalanas llevaban seis u ocho hombres: tres remeros a cada banda, un arponero y un timonel que también actuaba como segundo arponero. Desde las atalayas -que hoy siguen existiendo en los concejos, pero se emplean como miradores-, se oteaba el horizonte por turnos hasta dar con estos cetáceos.


 Cuando estaban a la vista, la chalana salía con todos los cazadores, además de pertrechos, arpones, tabletas de boya y muchos cabos preparados para ser unidos rápidamente. En cuando el arponero alcanzaba a la ballena, ésta se sumergía, con lo cual había que atar rápidamente los cabos al arpón, a fin de alargar la cuerda y que la barca no se fuese hacia las profundidades con el animal. Paralelamente había que seguir remando y, si el cetáceo no estaba malherido, asestarle con las lanzadas para desangrarlo más. Para cansar a la ballena se enganchaban al cordel de arpones flotamientos de madera que agotasen al animal, sin olvidar la boya que señalase su posición cuando se sumergía e indicase a su vez quiénes eran los pescadores que la perseguían. Si la noche llegaba en plena faena, era imprescindible llevar un farol para que las demás chalupas viesen el rumbo que se seguía. Cuando el cetáceo daba bramidos comparables a un trueno sordo, y levantaba la cola tres o cuatro veces, era cuando sabían que se hallaba moribunda.


Una vez llevada a tierra, la ballena era despiezada. La actividad febril requería hogueras encendidas y muchas personas separando y cociendo la grasa, que luego se convertía en saín y era almacenada en toneles y separada por calidades. La carne se cortaba y repartía. El reparto era sagrado: había que dar las aletas -y en algunos casos, parte de los flancos- a la Iglesia, después elegía el arponero primero y la cofradía, luego el atalayero y por último los descarnacederos.


Este es el recuerdo de una forma de vida que constituye el pasado de Luarca, pero también pone de manifiesto la importancia de preservar a estos bellos animales, que han visto dramáticamente diezmada su población desde que en 1868 se inventó el arpón explosivo para cazarlas. Se calcula que desde entonces han muerto casi dos millones de cetáceos y muchas de sus especies están en peligro de extinción.

 Fuente visitada. Revista: fusionasturias.com

miércoles, 5 de febrero de 2014

ANTIGUOS ARCHIVOS DE CARREÑO


El fondo documental del Ayuntamieto de Carreño, uno de los mejor conservados en el ámbito de los archivos municipales de Asturias, se caracteriza por la notable continuidad de sus series, algunas de las cuales se remontan hasta el siglo XVI. El documento más antiguo que encontramos data de 1568 y corresponde a la serie de expedientes de hidalguía, que se extiende hasta 1831; los padrones de distinción de estados se conservan desde 1584 hasta 1835 y los padrones de habitantes desde 1840 hasta 1970. Se conserva, asimismo, la documentación de registro civil del periodo 1835 a 1864.


Destacan los libros de actas, que presentan una notable continuidad desde 1587 hasta 1696 y se conservan casi íntegramente desde 1746. Asimismo, se conserva un conjunto de disposiciones emanadas tanto de la autoridad real como de instituciones de ámbito regional -Real Audiencia, Junta General del Principado, Intendencia Provincial de Rentas, Gobierno Civil y Diputación Provincial- que arrancan en 1588 y se extienden hasta 1844. De muchas de ellas se conservan varias copias y algunos conjuntos de órdenes, enlegajadas y cosidas, cuentan con índices analíticos de la época. La serie de expedientes generales de reemplazo y, en general, la documentación de quintas, se conserva, con escasas lagunas desde 1813 hasta 1977, así como la serie de expedientes de elección de cargos municipales desde 1736 hasta 1909.


En la sección de Secretaría General encontramos una nutrida serie de correspondencia, de libros-registro de entrada de documentos, que se extienden desde 1898 hasta 1988 de forma ininterrumpida y de libros-registro de salida de correspondencia de 1865 a 1987. Dentro la sección de Servicios Sociales, se conserva una serie de padrones de beneficencia muy extensa (1888-1967). La sección de Obras y Urbanismo presenta un significativo volumen de documentación, con expedientes que arrancan desde 1866, y entre las que sobresalen las series de obras mayores y menores. La sección de Hacienda presenta igualmente un destacable volumen de documentación, con series documentales bastante completas, algunas de las cuales comienzan a mediados del siglo XIX: hay presupuestos ordinarios desde 1842, libros-diarios de intervención de ingresos y de gastos desde 1926, amillaramientos y sus apéndices (1894-1961), repartimientos y padrones (1866-1970) y las matriculas de contribución industrial y de comercio (1820-1956).


En Depositaría encontramos libros de caja desde 1886 y libros auxiliares de gastos e ingresos desde 1893. Muy interesante es un expediente de contratación que incluye el expediente de interrogatorio a que deben someterse los testigos en el pleito sostenido con los herederos del maestro de obra Juan de Cerecedo el mayor, por las obras de reparo del Cay. Del mismo modo es de destacar que dentro de Secretaría General existen tres inventarios del propio archivo, datados respectivamente en 1881 (copia del que se elaboró en 1876), 1905-1919 y 1945, así como una relación de contenido de los archivadores de Secretaría de 1983. 

Fuente visitada. archivosdeasturias.info

sábado, 11 de enero de 2014

DE CORAO Y LLENÍN A MESTAS DE CON


Esta senda iba por las cercanías de las llamadas Mestas (de Mestas de Ardisana a Mestas de Con). Por esa antigua calzada romana paso Jovellanos hace algo más de dos siglos.

Una posible señal de esa vía, o camino primitivo, aparte de los restos de empedrado cerca de Ardisana y los puentes de traza romana, puede ser que, en el palacio de Labra, se encontró una lapida funeraria de muy posible origen romano, dedicada a Domitio Flavio.

Aunque, si no se fuese por esa zona y se girase para el Sur, una buena marcha a pie puede desarrollarse en dirección contraria, desde Corao al Picu Priena (mal llamado "Cruz de Priena", solo porque hay una cruz en su cima). Pasando por el Cuetu Abamia..

La afamada iglesia parroquial de Abamia esta tristemente de moda por los destrozos en su iglesia (y en los tejos que rodean ese templo). La caminata seguiría por las Cuadras de Canal, Cantu Pandal y Uporquera. Esta actividad entre Corao y el Picu Priena puede ser de unas tres horas, subiendo siempre. Y la bajada al Real Sitio de Covodonga se hace en una hora.

Pero si la meteorología no acompaña, la caminata puede ser por la zona más baja, sin subir al Picu Priena, partiendo igualmente de Corao o de Corau Castiellu, en dirección norteña, entre huertas y verdes campos, en una zona rural envidiable, cruzando por pistas (algunas ya asfaltadas u hormigonadas) y con ligeras subidas, o llaneando, por el medio de típicas aldeas y pueblos, que están en vías de ser importantes núcleos de turismo verde.

Si se toma, como decimos, el punto de partida en el pueblo de Corao, o en el de Labra (con afamada fortaleza y palacio), se puede realizar una travesía tranquila, con final, por ejemplo, en Mestas de Con. Pasando por el hermoso paraje del río Chico, o por la ladera del Picu El Castillo (donde estaba el citado castro). Para luego seguir por la que podría llamarse la "Ruta de las Iglesias", pues en los pueblos y aldeas del recorrido están las antiguas iglesias y capillas de Nuestra Señora de La Velilla de Tárañu, Santo Tomas de Llenín, Santa María de Villaverde, Santo Toribio de Beceña y San Martín de Grazanes.

Se cruzará por típicas aldeas, cuidados campos de labor, verdes prados y arroyos o ríos caudalosos que tributan sus aguas al Güeña, como son el citado Ríu Chicu y el Piedrafita. Parte de la ruta es la senda señalizada de Llanes a Covadonga, que cruza por Mestas de Ardisana, collado de Piedrafita (citado por Jovellanos) y Cuerres. Esta antigua calzada romana aún conserva una parte del empedrado y contrafuertes en lo alto del monte. Abajo, ya hay muchas pistas o carreteras. 

Fuente visitada. descubreasturias.com

lunes, 30 de diciembre de 2013

CONCEJO DE CASO


Este extenso concejo, de 307'37 km2, fue desde tiempos inmemoriales tierra de tránsito entre nuestra región y la meseta.
Su orografía de media y alta montaña hace que pase de los pocos más de 300 m. a los 2022 m. del pico La Rapaína, la cota más alta del concejo.
El terreno, accidentado y abrupto, muestra fuertes pendientes en gran parte del territorio. La naturaleza impone en este lugar sus condiciones y los casinos se adaptan perfectamente a sus ciclos. Están íntimamente unidos a ella y de esta forma habitan un territorio también escogido por animales como el urogallo, el rebeco o las águilas reales, para establecer sus moradas.


Los recursos naturales de este lugar y su belleza permanecen intactos, libres de la intervención del hombre, lo que le convierte en un auténtico paraíso. Valles, bosques de hayas, barrancos y riachuelos se esparcen por Caso. El río Nalón es el de mayor importancia y el eje que vertebra las poblaciones del concejo. El nacimiento de este caudal en tierras casinas es conocido como la Fuente La Nalona, y corresponde al puerto de Tarna, límite natural con la provincia de León. Campo de Caso es la capital del concejo, donde se concentra la mayor parte del movimiento mercantil y económico de la zona. De las ferias, concursos y mercados de ganado que se organizan en el concejo, la mayoría se desarrollan en esta localidad. Su entorno natural privilegiado le hace ser un centro turístico y deportivo a donde acuden los aficionados al senderismo, la caza, la pesca, el ciclismo de montaña, el esquí de fondo, practicable en la estación de Tarna, y los deportes náuticos en el embalse de Tanes.


También forman parte del concejo de Caso otros pueblos de menor tamaño pero llenos de encanto, como el de Coballes, La Felguerina, Orlé, Tanes, Caleao, Abantru, Gobezanes, Prieres, Les Llanes, Veneros, Soto, Bezanes, La Infiesta, Pendones, El Tozu y Tarna, entre otros. El aislamiento al que les somete la escarpada geografía de este entorno les permite conservar en gran medida sus tradiciones y la forma de vida de antaño.


El país de la madreña -
Con ese nombre se denomina a sí mismo el concejo casino. No es para menos, pues la artesanía de la madera , y más concretamente la construcción de la madreña -el calzado de madera con tacos típico de nuestra región- ha pervivido año tras año. Tanto la madera como la piedra eran los elementos naturales más utilizados por los habitantes de Caso. Los artesanos que trabajaban la piedra fueron desapareciendo poco a poco y sólo la artesanía de la madera ha tenido continuidad. Esta noble y escasa tarea es uno de los mayores vínculos de esta tierra con su historia. En reconocimiento a esta labor se ha creado el Museo de la Madera y la Madreña y el Taller de la Madreña. El Museo se encuentra en un pequeño pueblo denominado Veneros, y en él encontraremos una interesante exposición de madreñas de toda Europa, junto con las herramientas necesarias para su construcción. Además de estos elementos el Museo recoge otros instrumentos de gran valor etnográfico y relacionados con el concejo, como por ejemplo, el rabel. Este instrumento musical se confecciona en la localidad de Caleao y tiene gran prestigio entre los de su clase. Por otro lado, en Pendones se halla el Taller de la Madreña, que permite ver cómo es la construcción de este original calzado y a su vez informarnos de dónde localizar a los artesanos de Caso, para realizar una ruta por los diferentes talleres que todavía funcionan en concejo.


Redes, naturaleza en estado puro.
Hablar del concejo de Caso es hablar del Parque Natural de Redes. El perfecto equilibrio de flora, fauna y hombre, hacen que el slogan de "Paraíso Natural" sea un hecho en estas tierras. Si queremos conocer esta tierra aprovechando al máximo las oportunidades que brinda debemos acudir al Centro de Recepción e Interpretación en Campo de Caso. Aquí tenemos toda la información necesaria sobre el Parque, sala de audiovisuales, cafetería y una exposición permanente sobre el hábitat y fauna de la zona. Aquí conoceremos rutas de Pequeños Recorridos. Estos itinerarios están perfectamente señalizados para que se puedan realizar sin la necesidad de un guía que nos acompañe. Las hay de diferente duración y dificultad técnica, y todas ellas cuentan con fichas donde se describe la ruta acompañadas de un pequeño plano. Los recorridos más frecuentados del concejo casino son tres: La Ruta de Brañagallones, la de la Cascada'l Taballón y el Desfiladero de los Arrudos. Una vez conocidos estos, existen muchos otros que nos permitirán conocer el concejo en profundidad.


 De la tierra, el queso Casín.
Toma el nombre de Casín por el concejo de Caso, centro elaborador de esta exquisitez, que a su vez da el nombre al tipo de vaca "la Casina", con cuya leche se elabora el queso. La ganadería es el principal recurso de los habitantes del concejo, siendo la vaca casina o Asturiana de los valles una seña de identidad del mismo, aunque por desgracia cada día hay menos ejemplares de esta raza. El ganado permanece en los establos en temporada invernal y con la llegada del buen tiempo pace en las majadas de los puertos. El resultado es un queso cilíndrico, amarillento y sin corteza que pesa unos 500 grs. Este manjar gastronómico se elabora siguiendo técnicas artesanales y celebra el último sábado de agosto un Certamen en su honor, el Certamen del Quesu Casín en la Collada de Arnicio. Esta tradición se recuperó en 1982 gracias a la iniciativa de un grupo de amigos del concejo que pretendían evitar que se perdiera la identidad del queso y darlo a conocer. La mejor señal del éxito de este certamen fue el aluvión de ventas que experimentaron al poco tiempo de exponer el queso.


Los abundantes pastos hacen que la cocina destaque por sus carnes de cabrito, cordero, ternera, caza, embutidos... Las Jornadas Gastronómicas de la Caza compartidas con el vecino concejo de Sobrescobio llenan las mesas a mediados del mes de febrero de platos a base de jabalí y venado, además de otros embutidos relacionados con la caza. Esta iniciativa permite dar a conocer la riqueza cinegética de este espacio protegido. También las truchas pescadas en las aguas de los ríos del concejo tienen su hueco en la gastronomía de la zona. Mientras que en el apartado más dulce son famosos los suspiros, bartolos y borrachines.

 Accesos.
La principal vía de acceso es la carretera AS-17, que discurre en paralelo al río Nalón. Los visitantes que acceden desde el oriente asturiano tienen en la carretera AS-254 un acceso interesante que parte desde la villa de Infiesto. Los que acceden desde la montaña leonesa pueden adentrarse a través del Puerto de Tarna (.1490m.)

Texto: Marisa Tabarés y Chabe Hidalgo.
 Fuente visitada. Revista Fusión.com

domingo, 17 de noviembre de 2013

HISTORIA DE CARREÑO HASTA NUESTROS DÍAS

CANDÁS BARAGAÑA
CANDÁS PUERTO

























Carreño, como territorio autónomo, se vio dotado de una puebla en la segunda mitad del siglo XIII. Ésta se asentó en Candás, un establecimiento inmediato a la línea de costa. La autonomía del concejo de la puebla nueva no duraría mucho ya que en 1309 Fernando IV lo otorga al concejo de Avilés. A partir de ese momento, el territorio carreñense, a pesar de mantener su acusada personalidad, verá limitada su capacidad de autogobierno frente a la corporación de Avilés.

PUERTO
Los siglos XVI y XVII nos muestran una villa candasina muy activa, volcada hacia las actividades pesqueras. Además, en la segunda mitad del siglo XVII había conseguido la emancipación del alfoz avilesino y elabora sus nuevas ordenanzas municipales en 1684. En 1691 la Abadía de Santa María de Arbás del Puerto vende al concejo su coto de Overiz con los puertos de Perán y Entrellusa.

PERÁN
De esta forma, Carreño adquiere la configuración que conocemos hoy en día. En esos momentos la economía del concejo está sustentada mayoritariamente por las actividades primarias, y con una gran parte de la población especializada en las pesqueras. También tiene importancia la artesanía orientada hacia las infraestructuras portuarias y marineras, por lo que abunda la presencia de toneleros, carpinteros, canteros, herreros etc. Además, en el siglo XVIII se ve dinamizada por la llegada de flamencos. Durante las primeras décadas del siglo XIX, la vida del Ayuntamiento se verá afectada por la inestabilidad política e institucional que caracterizó a dicho periodo en toda España.

GUIMARÁN
Durante el trienio liberal, el concejo se disgrega en tres ayuntamientos separados (Candás, Guimarán y Tamón), y en 1836 los carlistas ocupan esporádicamente el Ayuntamiento, aunque sin mayores consecuencias para la zona. Sin embargo, los años finiseculares del siglo XIX y los primeros del XX constituyen el inicio de un periodo que traerá grandes y positivas transformaciones en su territorio. En una primera fase industrializadora, se encuentran en funcionamiento varias minas de hierro, numerosas industrias conserveras, y la química de Aboño. También se concluye el nuevo espigón del puerto y se produce la llegada del ferrocarril.


Tras la Guerra Civil, se culminó el proceso industrializador. En los años cincuenta recibe el influjo de la instalación de Ensidesa, y su vida económica se ve revitalizada también con la presencia de una cementera, una central eléctrica y numerosas pequeñas industrias instaladas en los alrededores.

ENSIDESA
La densa industrialización, sin embargo, no ha impedido la explotación de los recursos turísticos del municipio. La densa industrialización, sin embargo, no ha impedido la explotación de los recursos turísticos del municipio.

Fuente visitada. archivosdeasturias.info